En busca de los valores PDF Imprimir Correo electrónico
Institucion - Temas de la Semana
Es cierto que la tan mentada crisis de valores existe, droga, corrupción, violencia, libertinaje, sobrevaloración del cuerpo, escapismo a todo tipo de responsabilidades que signifiquen compromiso personal o trabajo... Males y vicios que siempre han existido, porque siempre hubo historia, hombres, movimientos, cambios, evolución, en consecuencia siempre algo se rompía y algo se reconstruía.
A pesar de ello, cada época tiene su crisis, con su toque específico.
Nos toca determinar en qué consiste la de nuestro tiempo que pareciera renovarse con juveniles bríos.
Estamos inmersos en esta sociedad, cuyas pautas valorativas parecieran distanciarse de los dictados de la ética moral. Hoy se proponen dos grandes seudo valores:
-el valor económico: el que tiene más, tiene más poder.
-el valor estético: que postula la cultura del cuerpo bello, delgado, musculoso.
Este diagnóstico sumamente globalizador, no intenta sumir en el pesimismo, como tampoco no debería quedar allí, en la mera formulación, sino que debe implicar compromisos de acción, de cambio, cada uno desde el lugar que le corresponda, con las posibilidades que tenga a su alcance. No se trata de incitar a una batalla quijotesca contra molinos de viento, se trata sí, de desarrollar posturas más comprometidas de transformación, con juicio crítico, respeto y dominio de sí mismo.
Si la sociedad está en crisis como se percibe constantemente, es simplemente porque el ser humano está padeciéndola, la sociedad no es otro ajeno a nosotros, de allí la responsabilidad y el sentido social de ser agentes activos de su mejoramiento.
Por ello se hace imperativo que aunque muchas veces intuido, sepamos claramente qué se entiende por valores.
Veremos que hubo tiempos y culturas que revalorizaron actitudes que fueron modificándose y/o dejándose de lado: conductas y conceptos de otras épocas (el honor debía ser defendido con las armas, la obediencia ciega de los hijos hacia sus padres, etc. El progreso, las transforma- ciones inmersas en la cultura y el tiempo, ubicó otras formas de vida y esos seudos valores, fueron desplazados.
En su lugar se fueron integrando otros conceptos que conforman la conducta humana en esta crisis actual y que nos lleva al interrogante:
¿es que acaso los valores hoy se perdieron? Expresa Jaime Barylko "que no están perdidos, sólo están extraviados en este bosque de la vida.
Entonces es posible encontrarlos y es posible revitalizarlos y rescatar de ellos los valores inmutables que sustentaron y sustentarán siempre la vida moral. "El ser humano necesita en su camino, ciertas señales, guías morales que lo ayuden a encuadrarse y lo impulsen hacia un proceso de transformación positivo.
El espíritu no puede retroceder en su trayecto evolutivo, es cierto que a veces se estanca, produce demoras, reclama inconscientemente expe- riencias repetitivas, pero siempre progresa.
Estos cambios a veces impulsados por efectos pendulares, producen tantas dudas en la conciencia, pero siempre se sale adelante. Ellos son el toque de atención en el vivir, llaman a la acción, a la preocupación y al esfuerzo solidario, que en suma es el progreso humano.
Los derechos humanos, tan reclamados por los seres de todas las naciones, constituyen la preocupación de los hombres de bien que invitan a los otros a retomar la senda, a unirse a los otros en el continuo fluir de la vida. Por ello, pensemos en qué valores sustentamos las posibilidades de cambio. Estamos hablando del impulso de bien y progreso emanados, no ya de aquellos valores circunstanciales de épocas anteriores, sino de los valores trascendentales. Son los inmutables, los que siempre estuvieron, los que soportaron todos los embates y seguirán firmes, porque el mundo es textura de valores y aunque a veces ocultos, ellos deben erigirse en luceros de conducta y de pensamiento.
En la toma de decisiones necesitamos un eje rector, una guía que vitalice en nuestra conciencia aquello que es una verdad, un bien inamovible, un valor. Porque no todo es lo mismo, porque no todo da igual, el hombre debe comprender y enseñarlo, si ocupa un rol de padre o educador general, que las actitudes están barnizadas de sentimientos, pensamientos, escalas de valores y eso crea una responsabilidad de la cual se debe ser consciente.
Reconocida su importancia y necesariedad, es imperioso entonces, es factible, que surja angustia y la desorientación de la que es víctima muchas veces. Expresa el escritor ya citado anteriormente, que se necesita ese parámetro ético porque de lo contrario, no se sabe qué elegir y no se hace lo que se quiere o se debe, sino más bien, se obra al azar o se elige lo que otros eligen, porque es más cómodo, o para no tener que pensar. De allí se deduce la necesidad del conocimiento de lo que configuran estos valores y su urgente adquisición a fin de no quedar a merced de criterios y pautas ajenas.
Hacemos hincapié en estos valores perdurables o macrovalores como una posibilidad de replantearse: qué somos, qué queremos para nuestra vida y la de nuestros hijos, si actuamos siempre en función de lo que comprendemos que está bien o nos dejamos influenciar demasiado por los demás. Estos son no sólo algunos interrogantes que como seres morales tendríamos que hacernos más frecuentemente a fin de darle, a esta maravillosa oportunidad de progreso que es la vida, un sentido más trascendente, que nos permita redescubrirnos en función del semejante y de nuestro compromiso de vida. Porque alcanzar eso tan ideal a veces que implica la felicidad, no debe ser una utopía, sino una luz que guía una vida encauzada en el macrovalor por excelencia: el amor en todas sus formas.
 

 

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